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El lado oscuro de las aseguradoras: cómo los algoritmos deciden tu prima y tu vida

En el corazón de Madrid, un edificio sin nombre alberga servidores que contienen secretos que podrían cambiar tu vida. No son datos gubernamentales ni información bancaria, sino algoritmos de seguros que determinan cuánto pagas por proteger tu coche, tu hogar o tu salud. Mientras navegas por Rankia comparando pólizas o lees en El Economista sobre las últimas fusiones del sector, estos sistemas trabajan en silencio, recopilando miles de puntos de datos sobre ti.

La revolución digital llegó a las aseguradoras con la promesa de personalización y precios justos. Según datos de INESE y Seguros.es, el 78% de las compañías españolas utilizan ya inteligencia artificial para calcular riesgos. Pero ¿qué ocurre cuando el algoritmo te etiqueta como 'alto riesgo' por vivir en un barrio determinado, tener una profesión creativa o incluso por tus hábitos de compra online? Las páginas de Expansión hablan de eficiencia, pero pocos mencionan la opacidad de estos sistemas.

En Cinco Días se analizan las cifras macroeconómicas del sector, que facturó 68.000 millones el año pasado. Sin embargo, entre porcentajes y gráficos, se pierde la historia humana: la familia a la que triplicaron la prima tras una inundación puntual, el autónomo al que rechazaron por 'patrones de conducta digital atípicos', o el joven cuya póliza de salud se encareció tras publicar en redes sociales que comenzaba a correr maratones.

La paradoja es fascinante: mientras Europa Press celebra las innovaciones tecnológicas del sector, organizaciones como Segurosred.org alertan sobre la 'discriminación algorítmica'. Los mismos datos que permiten ofrecer descuentos a conductores prudentes pueden penalizar a quienes no encajan en el perfil estadístico ideal. Y aquí surge el gran debate ético: ¿estamos ante una herramienta de precisión o un sistema de prejuicios automatizado?

En Bolsamania se sigue con avidez la cotización de las aseguradoras, cuyo valor ha aumentado un 34% desde que implementaron estos sistemas. Los inversores aplauden la reducción de siniestros y el aumento de rentabilidad. Pero los consumidores, según encuestas de Rankia, expresan creciente desconfianza: el 62% no comprende cómo se calcula su prima, y el 45% sospecha que pagan más de lo justo.

El futuro se vislumbra aún más complejo. Las aseguradoras experimentan ya con datos de wearables, coches conectados y dispositivos domésticos inteligentes. Tu reloj que mide tu ritmo cardíaco, tu coche que registra tu forma de conducir, tu termostato inteligente: todos alimentan el perfil de riesgo. La promesa es un mundo donde los buenos comportamientos se premien automáticamente, pero el riesgo es una vigilancia constante y una sociedad donde el 'riesgo' se calcula desde antes de nacer hasta después de morir.

La solución, según expertos consultados, pasa por transparencia radical. No basta con cumplir el RGPD; necesitamos entender qué datos se usan, cómo se ponderan y qué margen hay para la apelación humana. Algunas startups ya permiten 'auditar' tu perfil de riesgo, pero son la excepción. El gran desafío regulatorio será equilibrar innovación con derechos, algoritmos con empatía, datos con dignidad.

Mientras tanto, la próxima vez que compares seguros online o firmes una renovación, recuerda: detrás del precio hay ecuaciones que han analizado desde tu código postal hasta (posiblemente) tu última compra en Amazon. El seguro perfecto del futuro podría premiar tu vida saludable o castigar tu divergencia estadística. Y esa línea, cada vez más difusa, definirá no solo cuánto pagas, sino cómo vives.

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